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  • Foto del escritorMauricio Bertero

El hombre que falsificó las memorias del general Carlos Prats

Escritor Eduardo Labarca confiesa haber escrito libro apócrifo del asesinado militar.


Hace 20 años, cuando las hijas del general chileno lanzaron sus memorias, advirtieron de la existencia de un libro que pretendía suplantar el verdadero testimonio de su padre. La denuncia era contra Una Vida por la Legalidad, editado en México nueve años antes por el Fondo de Cultura Económica. Casi tes décadas después de su publicación, el escritor Eduardo Labarca, ex director de El Siglo, lanza la novela Cadáver Tuerto, en la que reconoce ser el autor del texto apócrifo, escrito en Moscú por encargo del Partido Comunista chileno.



Es miércoles a mediodía y la lluvia que cae sobre Santiago tiene un efecto purificador para Eduardo Labarca (Santiago, 1935). El ex director del diario El Siglo y panelista del programa A Esta Hora se Improvisa reside en Viena, cumple sus últimas horas en Chile y acaba de reunirse con el general Juan Emilio Cheyre, quien lo recibió por cerca de una hora en el edificio de las Fuerzas Armadas. De regreso a su departamento, tras cambiarse la corbata por un pañuelo al cuello, ya puede anunciarlo: "Con esto termino lo que vine a hacer acá. Es el broche de oro que cierra el episodio".


El episodio ocurrió hace 30 años en la Unión Soviética y está narrado en su novela autobiográfica Cadáver Tuerto (Catalonia, 2005), recién lanzada en el país. Según cuenta ahí, mientras trabajaba en el programa Escucha Chile, de Radio Moscú, dirigentes del Partido Comunista Chileno le encomendaron escribir las memorias apócrifas del general Carlos Prats. Basándose en el sentido común y en la escasa documentación que tenía a la mano, inventó un diario de vida que pretendía sentar la verdad histórica del asesinado militar.


El libro se llamó Una Vida por la Legalidad, fue editado en 1976 por el Fondo de Cultura Económica y tuvo una difusión fenomenal. Tanto así, que nueve años después, cuando las hijas de Carlos Prats editaron las verdaderas memorias de su padre, éstas tuvieron una difusión limitada, de escasa repercusión internacional en comparación con las otras. Las falsas memorias de Prats habían logrado opacar a las auténticas.


"Fue una operación de propaganda y desinformación bien montada, con buenos resultados y ciento por ciento exitosa", comenta Eduardo Labarca sin un asomo de orgullo. El secreto lo ha atormentado durante años, y ahora, para expiar la culpa y "ser fiel a la verdad histórica y al honor de Prats", decidió revelarlo en un libro y dar explicaciones públicas y privadas. Por eso se reunió con Cheyre el miércoles pasado. Antes lo hizo con el director editorial en Chile del Fondo de Cultura Económica y con las tres hijas del general Prats -Sofía, María Angélica y Cecilia-, a quienes visitó por separado.


Lectura de cuartel


Eduardo Labarca admite que lo que hizo sólo puede explicarse en el contexto de la época. Exiliado en Moscú y volcado a la causa de la oposición a Pinochet, creía, como muchos en el partido, en todas las formas de lucha. "Al comienzo, cuando me propusieron hacerlo, no me planteé ningún problema ético. Me sentía feliz y orgullosísimo, esa es la verdad. Mis dudas comenzaron cuando dejé Moscú, en 1980".


La ocurrencia de hacer un libro apócrifo de Prats surgió poco después de su asesinato, el 30 de septiembre de 1974. Se sabía que el militar y ex ministro de Allende estaba escribiendo sus memorias en el autoexilio de Buenos Aires, pero éstas, según un difundido e infundado rumor, se suponían extraviadas tras el atentado explosivo que le costó la vida junto a su esposa, Sofía Cuthbert. Ignorando que las hijas del general conservaban los originales en una caja fuerte, en el PC pusieron en marcha una operación destinada, en su más oculta ambición, a hacerse oír en los cuarteles.


"Es hora de subordinarse en silencio", se lee en Una Vida por la Legalidad, donde el falso Prats guarda no pocas similitudes con el verdadero: ponderado, respetuoso y neutral, critica a la extrema izquierda y opina que al gobierno de Allende le cabe responsabilidad en la crisis económica.


"Sí -escribió Labarca-, hay dificultades en la economía y muy serias. Se registran irregularidades profundas en el sistema de abastecimiento. Las largas colas aparecen por todas partes. Los precios han subido como nunca; se extiende el mercado negro. En muchas empresas el rendimiento del trabajo se halla por debajo del nivel previsto. Aparecen síntomas de baja en el volumen de la producción (...) Más, en ocasiones me pongo a pensar a qué se deben. ¿A la política económica del gobierno? ¿A errores cometidos por la Unidad Popular? Hasta cierto punto, sí".


Pero no todo puede ser tan perfecto, y el general ejemplar, que ha demostrado altura de miras hasta en las peores situaciones, no puede contenerse frente a la figura de Pinochet, "el bellaco de luces limitadas y ambición desmedida", como se lo describe en el libro de 1976.


De Moscú a Ciudad de México


Labarca nunca había escrito un texto de ficción. El debut literario no pudo ser más promisorio. Había recibido de referencia un borrador "pésimamente mal escrito" y en menos de un mes devolvió un texto profesional, fidedigno, "en la línea del partido", que le granjeó felicitaciones.


Aunque "por ahora" Labarca no quiere revelar los nombres de quienes idearon la operación ("no me corresponde hablar por ellos", dice), su reciente novela entrega algunas pistas al respecto. Constantino Popescu, el escritor y dirigente político que encomienda "mejorar" las memorias de un asesinado general, tiene en Cadáver Tuerto varias similitudes con Volodia Teitelboim. Por esa misma época, el premio Nacional de Literatura 2002 era uno de los principales dirigentes del PC chileno en la Unión Soviética y tenía un destacado protagonismo en Radio Moscú.


Pese a los intentos, no fue posible obtener la versión de Volodia Teiltelboim, pero si se atiende a sus memorias, el ex dirigente comunista no se hace cargo del tema.

La operación tuvo varios protagonistas, se extendió a México e involucró al entonces funcionario de una filial del Fondo de Cultura Económica Marco Colodro, ex militante comunista, quien ofició de intermediario entre un dirigente del PC y la editorial. Al teléfono desde Estados Unidos, donde reside, Colodro dice haber actuado de buena fe, sin sospechar jamás que los escritos eran falsos. "Eso ocurrió hace 30 años, pero estoy casi seguro, en un 90 por ciento, que me los entregó Gerardo Weisner", dice el empresario y ex director de TVN, aludiendo al empresario chileno de filiación comunista, que en los 80 tuvo un papel central como financista y administrador de los recursos del partido. Así, a fines de 1976, las memorias apócrifas entraban a imprenta con un tiraje inicial de 10 mil ejemplares.


Verdad pendiente


Mientras Una Vida por la Legalidad se difundía por el mundo y era citado por otros autores, las hijas de Carlos Prats no podían hacer mucho por desmentirlo. Fiel a la voluntad de su padre, se habían prometido editarlas en Chile una vez que las condiciones políticas lo permitieran. "Sentimos una profunda indignación e impotencia", dice María Angélica Prats, quien por esos años trabajaba silenciosamente en la corrección de los escritos de su padre. Cuando éstos aparecieron en 1985, por editorial Pehuén, la presentación advirtió de un "libro apócrifo que alguien escribió en México y que, cualquiera haya sido su objetivo, deriva del compromiso con intereses particulares y no con la verdad".


Por entonces, las hijas del general desconocían el origen de las falsas memorias. Recién vinieron a saberlo este año, cuando Eduardo Labarca se confesó ante ellas. Aunque valoran el gesto, creen que aún es precipitado comentarlo en público. Y más aún, que falta saber toda la verdad.


Al menos en lo que respecta a él, Labarca dice que cumplió con su parte. Que hizo lo que debía hacer, incluso desatendiendo la recomendación de sus amigos, que le aconsejaron llevarse el secreto a la tumba. "Todos me dijeron lo mismo: 'no lo hagas, no seas huevón, no te metas en líos, te van a sacar la cresta'. Es claro que me expongo a la crítica, pero tengo la obligación de dar un paso al frente".


* Crónica de Cristobal Peña, publicada en el diario La Tercera, el 19 de junio del 2005. No disponible en Internet.

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