• Mauricio Bertero

El mercado de las teorías

Las teorías y los modelos no son más que interpretaciones o simulaciones de lo que observamos. Esto es especialmente aplicable al campo de las Ciencias Sociales, donde aún es posible encontrar personas que viven sus ideologías como verdades cuasi absolutas. Basado en los escritos del ya fallecido profesor Dietrich Schwanitz de la Universidad de Hamburgo, Alemania, voy a publicar a partir de hoy una serie de posts relacionados con este tema, en los cuales se desarrolla la idea de que las ideologías compiten en un verdadero mercado de opiniones. Son ellas, y quienes las profesan, los que libran la "batalla por la mente", disputas que es especiamente usual encontrar en las profesiones universitarias latinoamericanas. Las teorías seleccionadas son marxismo, liberalismo, comunitarismo, psicoanálisis y Escuela de Frankfurt o Teoría Crítica de la Sociedad (*).


Cuando en la modernidad, la religión entró definitivamente en coma, aparecieron en su lugar toda una serie de cosmovisiones. Eran modelos explicativos del mundo en su totalidad que, en un principio, estuvieron fabricados fundamentalmente en los talleres de filosofía; pero con el tiempo las distintas ciencias particulares también produjeron grandes esquemas teóricos con pretensiones explicativas totalizadoras. Estas cosmovisiones fueron designadas con términos acabados en “ismo”, como liberalismo, marxismo, darwinismo, vitalismo, etcétera. Detrás de ellos estaban las denominadas escuelas, que eran algo así como comunidades intelectuales, clubes de opinión, círculos con determinados idearios, conventículos de correligionarios y células ideológicas. El concepto “teoría” se impuso como el mínimo denominador común de esta mezcolanza de filosofía, ideología y ciencia. Hoy, el panorama teórico es un mercado de opiniones de rumbo variable. En él reina la misma diosa que en otros mercados: la moda. La moda de la continua innovación que se aparta de lo que hay: por lo tanto, el que sale antes tiene ventaja, está al día, va con su tiempo, pasa a todos los demás y le divierte ver cómo tratan de alcanzarlo.


Así pues, hay teorías in y teorías out. Existe un vértigo de etiquetas e imitación de artículos de marca, competencia desleal y ofertas económicas, nostalgias, oleadas de reciclaje, liquidaciones y saldos, hay booms y depresiones, épocas de quiebra y de bonanza. Para orientarse, es necesario tener visión de conjunto: hay que conocer las empresas y su seriedad en el sector teórico, la cotización de las acciones, los precios, los márgenes de beneficio, los proveedores y el gusto del público. Y sobre todo hay que tener buen olfato para las nuevas tendencias teóricas.


Antes que nada: en el mercado teórico la moda ha logrado consolidarse tan rápidamente porque el objetivo de las teorías es ser competitivas. Por ejemplo, el marxismo contiene una teoría sobre la conciencia de su oponente: su conciencia es necesariamente falsa, pues por su posición social, su pertenencia a determinada clase, lo condiciona a pensar como capitalista. Así pues, la conciencia no hace sino enmascarar los verdaderos intereses. Esto mismo ocurre también en los marxistas, pero su interés coincide en este caso con el de la humanidad. De ahí que su conciencia sea la verdadera.


Tal teoría conlleva consecuencias terribles: ya no hay conciencia que sea inocente. La conciencia es moral o inmoral, y quien tiene una conciencia falsa de la realidad se hace culpable, lo que convierte a la ilustración en un deber sagrado. Ésta recibió el nombre de crítica de las ideologías porque, en el marxismo dialéctico, ideología significa siempre falsa conciencia de la realidad (según su propia concepción, pues, el marxismo no es una ideología).


En esta situación, casi todas las teorías abrieron un departamento dedicado a la práctica de la sospecha generalizada sobre todas las demás. Las teorías eran, por decirlo así, polémicas desde el momento mismo en que nacían. Cada una de ellas decubría en las demás estructuras latentes (ocultas) con las que poder relativilizarlas. La competencia entre teorías se convirtió en el juego "Yo veo lo que tú no ves, es decir, las estructuras que condicionan tu pensamiento".


Marxismo

Las teorías con mayor implantación en el mercado fueron aquellas en las que los departamentos dedicados a la práctica de la sospecha funcionaban mejor: desde hacía mucho tiempo, exactamente desde 1968, el marxismo dominaba el mercado teórico alemán, pues en materia de sospecha ideológica era insuperable. Su implantación era tal que el valor de sus acciones se mantuvo incluso cuando se hizo evidente que su realización llevaba a la catástrofe.


No obstante, hemos de reconocer que en materia de "sentido" el marxismo también ofrecía una amplia gama de posibilidades. Cada uno de sus clientes tenía acceso a un grandioso escenario en el que podía interpretar un papel heroico. Y como su oferta se dirigía fundamentalmente a intelectuales que satisfacían sus necesidades de sentido cumpliendo celosamente una misión, el marxismo creció poniendo bajo sospecha al adversario.


Pero tras la quiebra del socialismo real, el marxismo se hundió en una inmensa crisis. Era algo que no se había previsto, pues hasta ese momento la teoría marxista se había mostrado inmune a las refutaciones procedentes de la realidad. En cualquier caso, hoy es una teoría "out", de la que es difícil predecir si alguna vez se recuperará. Quizás no en su vieja forma; probablemente lo haga en forma de radicalizaciones, sectas y metamorfosis (transformaciones) teóricas. Por el momento, incluso los mejores estudiosos del mercado se abstienen de pronunciarse al respecto.


Liberalismo

Por lo general, el liberalismo es considerado como el beneficiario de la bancarrota del socialismo real. En Alemania, apenas cuenta con raíces propias, y sus padres intelectuales son todos ingleses: John Locke, Adam Smith y John Stuart Mill. En todos los países de habla inglesa estos pensadores son considerados prácticamente como héroes nacionales.


¿Cuál es el núcleo teórico del liberalismo? Su valor supremo es la libertad del individuo. Los maestros del pensamiento liberal fueron los inventores de los derechos del hombre, de la democracia constitucional, del control del poder mediante la división de poderes y de la idea de la propiedad como garantía de la independencia del individuo frente al Estado.


Por otra parte, en el ámbito económico el liberalismo extendió la idea de que el libre desarrollo del egoísmo económico redundaba en el bienestar de todos, pues la magia del mercado (la mano invisible) transformaba la aparente rapacidad individual en una contribución a la armonía económica al servicio de la productividad (esa teoría se dio a conocer en Inglaterra como oposición entre private vices and public benefits - vicios privados y provecho público) . Por eso no había que obstaculizar el libre juego de las fuerzas económicas con intervenciones estatales. Las leyes de la oferta y la demanda se encargarían de regular el conjunto de manera óptima.


Esta teoría fue desenmascarada por el marxismo como una ideología, es decir, como una forma de encubrir los intereses capitalistas. Efectivamente, por sí solo, sin la intervención del Estado, el liberalismo económico no ha conducido en ninguna parte a la protección de los pobres.


Pero el destino del liberalismo ha sido paradójico. En las democracias occidentales, el liberalismo ha tenido tanto éxito que se ha convertido en patrimonio de todos: los partidos liberales han sido víctimas de su propio éxito, y generalmente han sido los socialdemócratas quienes han recogido su herencia.


Por otra parte y a diferencia de loque ha ocurrido en las democracias occidentales, en Alemania el liberalismo nunca ha desempeñado un papel fundamental. Esto explica la demanda acumulada que sigue habiendo en el país. La idea de que la propiedad es la garantía de la independencia del individuo y la razón de su compromiso con el Estado en tanto que ciudadano, es una idea que nunca ha arraigado en Alemania. La máxima liberal: "Trata siempre a los demás como individuos y nunca como miembros de un grupo", es violada constantemente en el juego político y a nadie parece importarle, pues esta idea no ha calado en el subconsciente político. Y aunque el marxismo carezca ya de implantación, su departamento antiliberal sigue practicando perfectamente la sospecha: del liberalismo no se ve más que el liberalismo económico. La tradición del humanismo burgués, en el que se conjugaban movimiento cultural y compromiso político, es aquí desconocida. Por eso se sospecha inmediatamente de ella.


Comunitarismo

Pero, en realidad, el sueño liberal del hombre culto es tan sólo eso: un sueño. El liberalismo entendía la cultura como la capacidad del individuo para reproducir en sí mismo la sociedad a través de la complejidad de su personalidad y para desarrollar así, desde sí mismo, el vínculo moral que cohesiona a la sociedad.


Un deseo que ha demostrado ser irrealizable. Si se abandona la sociedad a su propia lógica, se corre el riesgo de que muchos sectores queden desatendidos (piénsese en la criminalidad, los barrios marginales, la formación de guetos, el aislamiento, etcétera). Por eso en américa se ha pensado en la función socializadora de las pequeñas comunidades (community, de ahí "comunitarismo"), elogiándose sus efectos educativos. Por comunidades se entiende vecindarios, pueblos y comunidades religiosas. Hillary Clinton ha escrito un libro comunitarista titulado It Takes a Village, cuyo título debería completarse así: to educate a child. Esta retórica concede primacía a la pequeña comunidad sobre el individuo.


En Estados Unidos, dada su fuerte tradición liberal, esto no resulta sospechoso. Pero en Alemania, con su tísico liberalismo, esta apelación a la comunidad enlaza con tradiciones desacreditadas: tanto los socialistas como los conservadores contrapusieron siempre la comunidad a la sociedad (de los individuos), haciendo sospechoso cualquier distanciamiento de la comunidad - lo que fortaleció el conformismo y penalizó toda desviación -. Finalmente, los nazis elevaron la comunidad al rango de "comunidad del pueblo" (Volksgemeinschaft) y persiguieron cualquier distanciamiento de ella tachándolo de traición.


De este modo, aunque en Alemania las tradiciones comunitaristas son más fuertes que en Estados Unidos, estas tradiciones - por el hecho de ser de derechas - siguen exportándose a aquél país, en el que se almacenan, se reetiquetan y vuelven a exportarse a Alemania, donde circulan libremente como mercancías intelectuales.

Por otra parte, existe una enorme demanda de teorías comunitaristas. Tras la bancarrota del socialismo, estas teorías han venido a ocupar los huecos que éste ha dejado. Su consolidación en el mercado depende de la capacidad del consorcio marxista para hacer renacer de sus ruinas nuevas firmas teóricas que sigan una política comercial agresiva. En sí mismo, el comunitarismo es una teoría débil, y con ésto no queremos decir que sea buena o mala, sino que su política comercial no es muy agresiva.


Psicoanálisis

El psicoanálisis es a nivel individual lo que el marxismo a nivel social: posee una teoría de la evolución y de la caída (en vez de divisón en clases sociales, disociación neurótica), un programa revolucionario (en vez de liberación del proletariado a través de la revolución, liberación del inconsciente a través de la terapia) y un departamento dedicado a la sospecha extremadamente activo (en vez de desenmascaramiento de las ideologías, desenmascaramiento de las represiones).


La división marxista de la sociedad en burguesía, proletariado y aristocracia se corresponde con la división de la psique en yo, inconsciente y superyó. Así como la burguesía se ocultaba a sí misma su parte de responsabilidad en la miseria del proletariado, el yo (con la ayuda del superyó) reprimía lo sucio, lo doloroso, lo inconsciente. Y así como los comunistas incitaban a la rebelión en las fábricas y conspiraban clandestinamente, el inconsciente metía ruido y desenmascaraba con agudeza los comunicados oficiales del yo o bailaba en las calles en el carnaval del sueño. Contra él, el yo hacía uso de la represión policial y censuraba los llamamientos a la rebelión del inconsciente. Freud describió la psique en los términos en los que los socialistas de su época describieron el Estado policial capitalista.


Esto explica la facilidad con la que pudo producirse la simbiosis entre psicoanálisis y marxismo: así sucedió en la Escuela de Frankfurt o, en diferentes proporciones, en sus distintos teóricos: Wilhem Reich, Erich Fromm, Theodor Adorno, Marx Horkheimer y Herbert Marcuse. Después de Mayo del 68, el "psicomarxismo", mixtura de marxismo y psicoanálisis, dominó casi por completo el mercado, y su alianza multiplicó la efectividad de sus respectivos departamentos antiideológicos: ahora no había teoría ni opinión alguna que no pudiese ser desenmascarada no sólo como ideología capitalista, sino como síntoma oral, como resultado de un complejo de Edipo o como represión del deseo de acostarse con la propia abuela. Este psicodiscurso se dividió en el discurso de la autoexploración y en el discurso centrado en la sospecha de los otros.


El moho de la sospecha recubrió todas las formas de interacción social. Todos veían en los demás las razones ocultas de su comportamiento: represiones, traumas, neurosis, bloqueos, o complejos, lo que explica la imposibilidad de entendimiento producida por este mismo discurso. ¿Quién iba a reconocer que ignoraba las razones ocultas de su propio comportamiento y que le faltaba un tornillo? A nadie le gusta reconocerlo, pues todos quieren que se les tome en serio y que se les trate como personas responsables. Pero esto vuelve a confirmar la sospecha de la represión.


Así pues, la receta del éxito mercantil del psicoanálisis era distinta de la del marxismo: era el propio psicoanálisis el que creaba los problemas frente a los que él se ofrecía como solución. Este hecho despertó la avidez del mercado. Cuanto más crecía el psicoanálisis, más remesas teóricas se demandaban. Era como una bebiba que da sed, una especie de necesidad que se alimenta a sí misma, en una palabra: una droga. Por lo que se refiere a su función social, los psicoanalistas bien pueden compararse con la mafia de la droga, dado que ellos mismos crean la necesidad que después convierten en la fuente de sus ganancias.


Pese a cierta saturación del mercado, el psicoanálisis ha sobrevivido a la bancarrota de su viejo colaborador socialista o incluso se ha beneficiado de ella, pues ha captado nuevos clientes. La prolongada colaboración se debió al hecho de que ambos compartían la misma herencia hegeliana. Hegel había relatado la historia a modo de novela de formación de un individuo. El modelo de desarrollo (en un caso la sociedad, en otro el individuo) era el mismo, y por eso Marx y Freud pudieron fundir sus empresas. Pero de esta fusión nació una filial: el feminismo, que vino a sustituir la lucha de clases por la lucha de sexos; y la misma teoría freudiana de la represión fue desenmascarada como represión del abuso cometido contra la mujer.


(*) Publicado originalmente el año 2008 en mi antiguo blog Conexiones de La Coctelera.


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