• Mauricio Bertero

La Radio Experimental Universidad de Chile de La Serena

Actualizado: ene 14

Guayacán FM fue la primera radio de la región en frecuencia modulada. Creada por el periodista húngaro Gabor Torey Holota en Coquimbo, se inauguró en 1977. Torey fue muy querido y respetado, murió en un accidente cuando viajaba desde Santiago a Coquimbo a ver su radio, cuyos estudios estaban en una casa en Tegualda 60 de Coquimbo. Luego vino Géminis FM, de Jorge Janosa Weisser; y Serena FM, que creó el periodista Carlos Prieto Wormald, todas ellas en la ciudad de La Serena. Ninguna existe actualmente. Sin embargo, hubo otra radio que salió brevemente al aire por esos tiempos: la Radio Experimental Universidad de Chile, REUCH. Es su historia íntima, que muy pocos conocen, la que desclasificaré a continuación.



Fui parte de ese grupo de locos y soñadores imberbes que participó en este episodio poco usual en Chile, más aún considerando los tiempos que corrían. Yo estudiaba en la Sede La Serena de la Universidad de Chile, uno de los planteles antecesores de la actual Universidad de La Serena creada en 1980. A su vez, esa sede fue la continuadora del Colegio Universitario Regional, una iniciativa del rector Juan Gómez Millas en la década de los ´60 que llevó la formación universitaria a las regiones, de la mano de un grupo de sus exalumnos del Pedagógico a los que envió a estudiar postgrados en Estados Unidos, con el apoyo del gobierno de ese país. Pero eso es otra historia, así es que retomemos el hilo.


En la sede, al momento que comencé a estudiar allí, existía una radio. Modesta, no se imaginen nada sofisticado. Era un sistema de amplificación conectado al casino a través de parlantes, que funcionaba en unas dependencias bastante cómodas para ser de estudiantes y que venía desde hace varios años musicalizando las horas en que este hermoso y moderno recinto de alimentación abría sus puertas. Una pequeña discoteca, una sala de control y una cabina de locución y grabación constituían básicamente el lugar en el tejíamos nuestros sueños universitarios, aprendíamos a hacer radio y consumíamos las horas libres en la apacible ciudad de entonces. Corría 1978 y nosotros, volcados a la música y los estudios, ignorábamos que en el sur de Chile estábamos a punto de ser invadidos por Argentina, en una guerra que casi fue.


Eramos un equipo de unos 15 estudiantes, que ejercíamos los roles de radiocontroladores, programadores y locutores en sistemas de turnos. Y el líder que movilizaba a todo el grupo era uno a punto de egresar de Químico Laboratorista. Su nombre Hugo y era el director. Compartimos muchísimas jornadas mientras yo ponía mi voz todavía inexperta a la radio y a la animación de la Semana Mechona que organizaban los centros de alumnos y que se realizaban en el mítico Estadio José Iglesias cada inicio de año, la que terminaba con un baile donde se coronaba a la Reina Mechona en el parque y en el edificio patrimonial de la Escuela Normal.


Le llamábamos pomposamente Radio Experimental Universidad de Chile, REUCH. Eran los tiempo de la onda disco y el rock norteamericano. Escuchar esos temas nos transportaba a mundos que mirábamos y admirábamos a la distancia, en un país lejano, aislado y aún tecnológicamente muy atrasado. Descubríamos por entonces en Chile la calidad del sonido. Recién aparecían las primeras radios FM en Chile. Si bien El Conquistador FM se inició en Santiago de forma pionera en la década del ´60 con su sonido "cuadrafónico", unos pocos en la década de este relato accedían a ese nuevo sonido de bajos profundos y altos estilizados, pues los receptores para sintonizar la frecuencia modulada no eran masivos y la programación de las radios AM, con su sonido muy inferior, estaban orientadas a los mayores. Mi generación -como todo joven- buscaba otras cosas. La radio del casino era todo un éxito.


Fue en 1979 o 1980, no recuerdo con precisión, cuando surgió la idea de sacar la radio "al aire". La idea de Hugo movilizó al equipo y a mucha gente más. Entre ellos, su polola y compañera de carrera, con quien él se casaría años después. El maestro Gordillo y otros auxiliares de servicio del Departamento de Química se pusieron manos a la obra con la soldadura y confección de una antena de unos 20 metros de altura y un sistema de anclaje; Campbell y otros del ámbito agrícola aportaron un par de tractores para elevar la antena; el técnico de apellido Cathalifaud, con un transmisor FM que él mismo confeccionó. Micrófonos más profesionales, discos nuevos, una pequeña consola y bandejas de huevo aparecieron por arte de magia para el proyecto. Estas últimas, como el mejor aislante para la sala de locución. Todo era prestado, donado, conseguido, autogestionado. Seguramente omito a muchas personas que colaboraron, a ellas mis disculpas.


El Vicerrector de la Sede era entonces don Edgardo Zelaya Caballero. Honraba su apellido materno, todo un gentleman. Había estudiado en el Pedagógico de Santiago y fue uno de los becados por iniciativa del rector Juan Gómez Millas en los ´60 para ir a estudiar a Estados Unidos, donde obtuvo su Master of Arts. Don Edgardo, fallecido hace pocos años, se preocupaba por la materialidad de la sede como nadie. Situada a lo alto de la Colina El Pino era una verdadera joyita para la ciudad de La Serena, financiada con aportes de la Fundación Ford y la Alianza para el Progreso impulsada por John Kennedy. Amplias terrazas y jardines, moderna arquitectura, incomparable panorámica, era el lugar que cada día debíamos trepar por sus escaleras o plataformas para nuestras jornadas de estudio. Una foto aérea antigua que acompaño a esta crónica la muestra como era a fines de los años ´60. Y allí estaba la radio.


Vista aérea de la Universidad de Chile, Sede La Serena
Vista aérea de la Universidad de Chile, Sede La Serena, a fines de los años sesenta.

Como izar una antena


Fue una tarde de primavera, casi noche, en que 2 tractores ingresaron al área de la terraza de la sede, para preocupación del Vicerrector por el riesgo que ello implicaba. A pulso transportamos entre todos la pesada antena al punto de anclaje, la amarramos con cuerdas y con la fuerza de los tractores comenzamos a levantarla. La tensión y la ansiedad se sentían en el ambiente. Era una pequeña obra de ingeniería a cargo de novatos estudiantes... y podíamos fracasar. El mayor peligro era levantar el peso de la estructura. Los motores de los improvisados vehículos arrojaban su humo espeso, comenzaba la operación de tirar las cuerdas. Lentamente la antena comenzó a pararse. Un grupo por aquí, otro más allá, tirábamos de las cuerdas para estabilizar. Hasta que esos 20 metros de fierro quedaron levantados al cielo. Fijamos los tensores o vientos, ajustamos la base con un grueso perno. Llegaba la noche y en medio de espontáneos aplausos la tarea estaba terminada. Teníamos una radio.


No conozco otra iniciativa similar, un proyecto a pulso de estudiantes universitarios que soñaban con una radio. Quizás, el mismo espíritu que movilizó a nuestros rivales de la Universidad Técnica del Estado, Sede La Serena, quienes desde hacía muchos años tenían el "único circo de estudiantes del mundo".


Esa noche poco dormimos, entre los preparativos y la sensación de estar participando de algo grande, que nadie en la ciudad conocía. Nunca en la prensa se escribió ni se ha escrito de este proyecto. La universidad siempre estuvo allá arriba, "en la colina", lejana de la ciudad. Incluso los mismos compañeros de universidad, que al otro día comentaban intrigados de dónde y para qué apareció esa tremenda antena de radio en la terraza sobre el casino. La respuesta a la interrogante vendría en pocos días. Sólo nosotros conocíamos los detalles y también en la Secretaría Ministerial de Transportes y Telecomunicaciones, hasta donde -con hechos consumados y el apoyo de algunos contactos- se tuvo que tramitar un permiso inédito para hacer una transmisión de radio. No fue fácil, pero finalmente autorizaron. El transmisor era de apenas 1 watts de potencia. No obstante, la ubicación de la antena en lo alto de la colina permitió que pudiese ser escuchada en toda la ciudad y algunos dicen que más allá.


Como las normas eran muy estrictas - y hasta ahora lo son - se asignó una frecuencia de transmisión experimental al inicio del dial FM, allí por el 87.0 Mghz o menos. Algunos receptores no alcanzaban a llegar a este punto del sintonizador. La ingeniosa solución que se les dio a los interesados en escuchar la transmisión fue destapar el receptor de radio y mover la bobina del dial hacia la izquierda. Asunto solucionado.


La historia no termina aquí


No tengo claro si al día siguiente o subsiguiente llegaba de visita a la sede, por primera vez, el rector (delegado) de la Universidad de Chile, el general en retiro Agustín Toro Dávila. Justo ese día hicimos la primera transmisión: "Desde la Colina El Pino, transmite Reuch, Radio Experimental Universidad de Chile", me tocó decir, entre otras cuñas. Las autoridades universitarias con el rector de la Universidad de Chile y su comitiva, el vicerrector Edgardo Zelaya y académicos visitaron los estudios de la radio, en un ceremonioso ritual a la usanza de esos años. Se llevaron una carpeta con el proyecto, junto a la impresión que les causó este equipo de locos universitarios y el compromiso que apoyarían la idea en Santiago de tener nuestra radio al aire. Nosotros, seguimos transmitiendo muchos días después, ya casi ilegalmente pues los permisos habían expirado, hasta que el proyecto fue de poco perdiendo su viabilidad.


Un día, algunos meses después, me llaman de la Federación de Estudiantes - la radio era autónoma de la organización- y me dicen que me van a nombrar director. Y en una de esas respuestas de joven, poco meditadas, de las que después te arrepientes, acepté hacerme cargo. Y fue injusto. Al parecer hubo cuestionamientos a que Hugo siguiera al frente porque ya estaba en calidad de egresado, al menos fue la explicación que me dieron. Estas letras se las dedico a él, como un modesto homenaje reparatorio porque sé que fue su proyecto, su ilusión, y mereció una gran despedida y reconocimiento que no tuvo. Su sueño nos contagió a todos quienes formamos parte de ese grupo y ese sueño pasó a ser nuestro también. No voy a olvidar su generosidad.


Epílogo


Seguí algunos años a cargo de la radio junto al grupo original, aquellos estudiantes del Departamento de Química que no egresaban y otros compañeros de diferentes carreras que después se fueron integrando. A fines de 1980 nos sorprende a todos la noticia que las sedes en La Serena de la Universidad de Chile y de la Universidad Técnica del Estado pasarán a fusionarse. El 20 de marzo de 1981 se crea oficialmente la Universidad de La Serena a partir de ambas instituciones. Ese año, le tuvimos que cambiar el nombre a la Reuch y por votación le llamamos "Colina FM", con el mismo modelo de radio interna pero transmitiendo para todos los casinos de la naciente universidad. Atrás quedaba el proyecto de tener una radio "al aire" gestionada por los estudiantes. Como mudo testigo de este episodio permaneció instalada por varios años esa antena de 20 metros sobre la terraza del casino, sin uso, hasta que un día de los años ´90 fue desarmada.




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